Carta de Emiliano Zapata al EZLN
1º de mayo de 2016
Representante
del Ejército Zapatista de Liberación Nacional
Le
saludo con todo respeto y admiración. Respeto, porque todos los seres humanos
lo merecen, de principio. Admiración, por ser parte de uno de los movimientos
revolucionarios de los pocos que quedan en el país y que conservan el espíritu
de lucha por los derechos de las minorías. Y es esto último de lo que quiero
hablarle en esta misiva, en relación con la que atraviesa la población indígena
del país y la participación de
grupos étnicos en conflictos sociales.
Bien podría extenderme en el origen de su
movimiento, hablar de las causas estructurales, más que culturales, engendradas
desde lo más profundo del modelo económico, social y político vigente. La
violencia directa es producto de la
violencia estructural, por los efectos de aquellas condiciones económicas,
políticas y sociales que, no permiten el desarrollo social de las comunidades,
es un estado permanente de injusticia social.
Los indígenas y el resto de la sociedad mexicana viven en constante
conflicto, las guerras, los enfrentamientos, junto con otras expresiones de
violencia directa, se han convertido en algo cotidiano. Lo admirable de su
lucha es que han logrado mezclar lo indígena con lo no indígena, lo local con
lo internacional, basados en los derechos humanos, tanto individuales como
colectivos, buscando la reivindicación de los indígenas frente al modelo social,
político y económico vigente, uniendo en esta lucha a diversos sectores de la
sociedad; no es una guerrilla sino un movimiento social integral, no se
encierra en el conflicto armado sino que trasciende su lucha en el ámbito político,
buscando revertir las violentas condiciones de los indígenas y de toda la
sociedad mexicana.
Como se reconoce a nivel nacional e internacional, la riqueza cultural
de México se apoya en que es un país pluricultural, con 62 pueblos indígenas,
de los cuales más de una cuarta parte se encuentra en Chiapas, por lo que no es
de extrañar que sea justamente en ese estado mexicano donde su movimiento tiene
su origen.
Veo con tristeza que la cultura mexicana está impregnada de
discriminación racial, se han excluido a los indígenas de las posibilidades de desarrollo,
viéndolos solamente como un voto potencial, sin capacidad de discernir y guiar
políticas propias, pero poco a poco eso se irá desdibujando; los movimientos políticos
y sociales, a lo largo de la historia, han ido demostrando que con la unión y
el esfuerzo se pueden lograr grandes cosas, y aquellos a los que se les negaron
sus derechos por décadas, se les devuelven.
Sé
que han tratado de llevar a la mesa de diálogo esta cuestión, lo mismo que sé
de la poca respuesta recibida, una respuesta satisfactoria, al menos, pero la
lucha sigue, y mientras exista alguien de pie, el esfuerzo valdrá la pena.
No
hay que olvidar que, si no hay justicia para el pueblo, que no haya paz para el
gobierno.
Emiliano


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